La Gazeta de Gadgetzan
BONEY, SOLO SON NEGOCIOS
SUZU, LOS ERRANTESEl grupo avanzaba entre los enormes árboles de Vallefresno en silencio. Todos habían recibido una carta citándolos en tierras élficas bajo promesas de una gran recompensa, parecía que se trataba de un buen negocio y la vieja tripulación acudió a su cita.
En cabeza y guiando al grupo, avanzaba un hombre de cabellera rubia; le seguían dos enanos, Grindstone con su inseparable gorila Smee y Newman, después de una larga temporada desaparecido, y cerraban la marcha tres humanas, las letales Yanindara y Suzu y una misteriosa humana que había sido citada también por Normando.
Tras un breve descanso, Normando expuso el plan a los allí presentes. Parecía sencillo, tenían que robar para un goblin una enorme máquina propiedad de la Ventura y Cía. y traerle la cabeza del ingeniero gnomo al mando de las operaciones de deforestación en Sierra Espolón. El plan consistía en introducirse sigilosamente en el campamento de la Ventura y Cía. por un paso de montaña y robar la máquina. A cambio, el goblin prometía una grandiosa recompensa.
La compañía observaba el oscuro túnel que les llevaría al otro lado de las montañas con recelo, lentamente fueron introduciéndose con paso lento. Una vez que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad pudieron distinguir un amplio túnel con varias galerías laterales. Fue entonces cuando escucharon ruidos de pisadas delante de ellos. Parecía como si un ejército entero se aproximara a su encuentro.
- Maldición, ¡escondeos! – advirtió Normando
Los marineros se ocultaron en las galerías laterales y escucharon como las pisadas se alejaban, para reaparecer poco después justo detrás.
- ¡¡¡Nos han descubierto!!!
- ¡Los tenemos justo detrás!
- ¡¡Corred hacia la salida!!
En los instantes que siguieron reinó una gran confusión; cada uno se abría paso a través de los túneles como podía, mientras los pasos resonaban en las paredes cada vez más fuertes. Finalmente alcanzaron la salida ilesos, pero el plan se había venido abajo.
Habían sido descubiertos, y en unos instantes tendrían una legión de goblins rastreando la zona. Adiós al factor sorpresa.
El tiempo corría en su contra así que decidieron hacer un cambio de planes: volarían la entrada de la mina que la compañía explotaba en la zona. De esta forma quedarían atrapados los trabajadores de la compañía y llamarían la atención en los alrededores. Aprovecharían esta circunstancia para dar un rodeo y acercarse a la máquina.
Los alrededores de la mina estaban repletos de trabajadores kobolds, goblins y humanos. Pero eso no impidió la brutal carga por parte de los infiltrados. Los enanos protegían el avance del resto descargando una lluvia de disparos con sus rifles. Los demás abatían a todo aquel que se ponía al alcance de sus filos. En cuestión de segundos la entrada a la mina estaba despejada.
Grindstone y Newman se encargaron de cerrarla para siempre con unos potentes explosivos de fabricación propia.
La explosión causó el efecto deseado, en unos instantes toda la atención se centró en la mina. Circunstancia que aprovecharon para dar un rodeo por el río y ponerse a tiro de piedra de la máquina. Su tamaño era descomunal, se alzaba delante de ellos como un gigante de metal retorcido, rechinando y humeando.
El recuerdo de una gran recompensa volvió a cobrar fuerza al sentirse tan cerca del objetivo y a una señal cargaron todos nuevamente con ánimos renovados, consiguiendo llegar hasta el cuadro de mandos en lo alto del artefacto.
- ¿Y ahora qué? – Suzu se preguntaba cómo podrían mover aquel colosal aparato.
- Grind y Newman se encargan de pilotarlo – afirmó Normando.
- ¡Pero no sabemos cómo se maneja este trasto! – protestaron los enanos.
- Tendréis que improvisar sobre la marcha, ¡deprisa!
Los enanos comienzan a pulsar botones y a accionar palancas al azar hasta que la máquina empieza a avanzar con paso regular. No había pasado ni un minuto cuando la máquina aceleró de forma repentina que cogió por sorpresa a todos echándolos por los suelos. Newman sale despedido hacia atrás y desaparece tras la máquina y Yanindara a punto ésta de caer, pero consigue agarrarse en el último momento.
- ¡Sujetaos fuerte! – Grindstone permanecía en el puesto de mandos pulsando botones y palancas al azar en un intento desesperado por aminorar la velocidad.
- ¡Vamos directos a esos árboles!
- ¡Maldición! La máquina no debe sufrir ningún daño o no habrá trato. ¡Grind, trata de arreglarlo! – Normando apenas podía hacerse oír entre el sonido del viento.
El resto de sus compañeros se agarraban a duras penas a donde podían, mientras Grind trataba de enderezar el rumbo. Repentinamente, una de las palancas se soltó, quedándosela el enano en la mano y mirándola con incredulidad.
- ¡Grind, trata de arreglarlo! – Los árboles estaban cada vez más cerca.
El enano rebusca a toda prisa en su bolsa hasta encontrar una herramienta, y a continuación intenta hacer encajar la palanca de nuevo.
- ¡No puedo!
- ¡Arréglalo, date prisa!
Cuando parecía que el impacto era inevitable, el enano consigue introducir la palanca y cambiar el rumbo con un giro brusco que casi lanza por los aires a sus compañeros. Tras una serie de bruscas maniobras consigue ponerla en el rumbo que le indica Normando en busca del goblin. Este parece muy satisfecho aunque nos recuerda que aún falta un asunto pendiente con el gnomo por lo que el grupo se pone en marcha una vez más.
Por la información que les facilita el goblin, se dirigen al norte y, tras un buen paseo llevándose por delante a todo el que se cruza, llegan a su destino: una enorme rueda junto a un gran salto de agua. El gnomo se escondía en lo alto de la estructura.
El plan consistía en robar un avión y estrellarlo contra la enorme rueda, saltando en el momento oportuno antes del impacto. De esto se encargaría Grindstone con ayuda de Suzu, mientras que el resto se abriría paso a golpes hasta lo alto de la estructura.
Inesperadamente, el plan resulta ser un éxito y el grupo gana lo alto del molino sin grandes dificultades. Aunque no hay ni rastro del gnomo por ninguna parte, descubren algo más importante, al hermano del goblin que había sido hecho prisionero.
Mientras tanto, decenas de trabajadores de la compañía, alertados por la explosión del avión, suben las escaleras en dirección al grupo. Estos deciden volar con dinamita el molino, saltando al agua desde lo alto para alejarse nadando entre los escombros.
Tras visitar al goblin por última vez, llega el momento de cobrar la recompensa. Todos contemplan la diminuta bolsa que éste entrega al “rubio”, tratando de imaginar que pueda contener que tenga tanto valor. Así llegaron a Astranaar, llenos de dudas y desconfianza, y temiéndose una nueva decepción. Allí se reúne con el grupo Lahoz McGregor, que recibió la carta con retraso y no pudo acudir a tiempo.
- Acercaos, ahora se revelará todo...
Normando hace un gesto al grupo y saca la pequeña bolsa que le entregó el goblin. Los compañeros se arremolinan entorno a él impacientes por resolver el enigma de la bolsa.
En ese momento el viento comienza a soplar en otra dirección.
CONVERSACIONES EN OJO DE LA TORMENTA
CROWEN, LOS ERRANTESLa voz susurró cerca de ella y Crowen esbozó una tenue sonrisa, sin alejarse físicamente del Grimorio Negro, su Libro de Sangre, volvió la mirada para contemplar la sinuosa silueta de su interlocutor.
- Buenas noches, viejo amigo –murmuró ella con su habitual tono de voz, grave y cargado de matices. – ¿A qué debo el honor de esta visita?
- Tenía ganas de ver a una amiga. Estaba preocupado.
- ¿Te siguen preocupando los asuntos mundanales de los mortales?
- A ratos, Crowen, a ratos, sobre todo de aquellos a los que aprecio o con los que me siento en deuda.
Ella se giró levemente, retirando sus manos ensangrentadas del ominoso libro. Su invitado las observó. Ella siguiendo la dirección de su mirada alzó un brazo recubierto de heridas abiertas en forma de caligrafía rúnica.
- La nigromancia siempre se cobra su precio, no deberías sorprenderte. Es mi Arte.
- Lo sé, chiquilla. Traigo nuevas. Al parecer se ha puesto precio a tu cabeza y a la de tus amigos del Alba Carmesí.
Ella enarca una ceja.
- ¿El Rey Exánime otra vez, algún agente de la plaga?
- No, no. La orden viene dictada por el gobierno rural de Rémol.
Crowen compuso una cara de circunstancias.
- Sí, ya lo había oído, al parecer se han sacado de la manga un supuesto ataque a Molino Tarren para prohibirnos pisar los territorios de la Villa. Evidentemente es todo una falacia, pero están muy contentos con la idea.
- ¿No te preocupa?
- No mucho, es una excusa para alejarnos del coto de influencia de las fuerzas locales.
- Pues según dicen, Sylvanas está de acuerdo o algo así.
Crowen mira a su amigo y suelta una genuina carcajada.
- Así que ahora el gobierno de Rémol da órdenes a la propia reina de Entrañas. Quizá lo siguiente sea que el cacique de El Cruce dicte leyes al Jefe de Guerra, Thrall.
- Dicen que han extendido la orden a las fuerzas de la Alianza.
La pelirroja sonríe con ojos cargados de humor.
- ¿Ah, sí? ¿Quién ha dictaminado el edicto en la alianza? ¿El marqués de Villadorada?
- No, no. Dicen que el propio Gran Mariscal de los ejércitos de la Alianza que al parecer habla en nombre del rey Varian.
- No sabía que existía ese cargo, ni que esa facción de renegados se llevaran a partir un piñón con el Rey Varian, el mismo que insulta a su reina y ordenó la guerra contra la Horda; el mismo que atacó al general Garrosh en terreno neutral del Kirin tor.
- No te lo tomes a la ligera Crowen, dicen que os van a perseguir por todo Lordaeron, que os van a ejecutar sin juicios ni derecho a réplica.
- Sí, bueno, es una práctica habitual de los gobiernos autoritarios. Primero acusar sin pruebas, luego extender el rumor difamando y silenciando la verdad asesinando a los que piensan de forma distinta o son diferentes.
- Pero vosotros siempre respetasteis al gobierno de Rémol, ¿no?
Crowen asiente.
- Sí –reconoce ella. – Aunque esos gobiernos suelen derivar en un abuso de poder al no estar regulados, les respetamos sin oponernos nunca a su labor aunque no recibamos igual trato. Me sorprende que aseguren haber adquirido tanto poder sobre el destino y voluntad de la Horda en apenas un mes de vigencia. Nunca entenderé a los políticos.
- ¿Entonces? Dicen que manejáis ideas peligrosas.
La elfa se encoge de hombros.
- El Alba Carmesí ha defendido siempre la visión de Thrall de una Horda unida y fuerte. Supongo que somos unos románticos por ello y unos inconscientes por decirlo en voz alta, pero no hay idealista que se precie que no defienda a viva voz sus ideas.
- ¿Qué ves en Thrall? Eres una elfa…
Crowen camina hacia su visitante y le mira con intensidad.
- Me educaron sin prejuicios, lo sabes, con la mente abierta. No veo el aspecto de las personas sino su alma, su mente, su fuerza interior. Por eso tomé como consorte a un renegado, por eso hinqué mi rodilla por primera y última vez en mi vida ante un solo varón, el Jefe de guerra Thrall. Cuando me enviaron desde el Archerus a la capital orca el populacho nos escupía, nos arrojaba desperdicios, nos insultaba. Sin embargo Thrall cortó con un gesto la animadversión, la hostilidad. Nos miró a los ojos uno a uno. Nunca he visto tanta sabiduría, amigo mío, tanta serenidad y fuerza en una mirada. Ese orco me sedujo, se ganó mi respeto con su presencia, mi admiración con unas breves palabras. Pronunció mi nombre y me aceptó a su servicio. Nunca había servido a nadie, pero ante Thrall me arrodillé con orgullo y le juré fidelidad. Desde entonces defiendo su visión de la Horda.
- He visto que guardas en el establo una montura de los Mag´har. ¿Tanto te impresionó Thrall como para viajar al origen de su cultura?
- Sí. En Nagrand aún vive la abuela de Thrall, aún viven los orcos tal y como vivían antes de que la energía vil les corrompiera y pudieran más tarde liberarse, ellos entienden lo que hemos pasado. Quise entender, quise aprender de ese conocimiento. Durante casi medio año he vivido entre ellos, compartiendo sus costumbres, luchando a su lado. No fue sencillo, las miradas de recelo y desconfianza me laceraban al principio. Pero como dije, son un pueblo sabio… salvaje y guerrero, pero sabio. Me dieron una oportunidad, yo la aproveché y me recompensaron con su reconocimiento. En una ceremonia ritual, me concedieron el honor de vestir su emblema y me regalaron a Espina, mi talbuk.
- No veo nada de ofensivo en eso que me dices… ¿no hay nada más?
- Quizá te refieras a la escuela de nigromancia que está fundando Gaheris.
- ¿La llamada nigromancia blanca?
- Sí. Gaheris fue en vida un paladín, aún reanimado como no-muerto se resistía a utilizar los dones del Exánime, de hecho siempre optó por la senda de la hematomancia y la criomancia.
Desvelado y angustiado por una existencia que le partía en dos, dedicó ese mismo medio año que yo anduve entre los orcos a encontrar la forma de ser revivido. Finalmente en el Pilar Sangrevida, un lugar cargado de energía vital, según muchos, la cuna de la vida, merced al poder de un pequeño fénix que había rescatado y de Seldune, una poderosa paladín, Gaheris volvió a la vida. Algo que evidentemente no habría conseguido nunca solo un caballero de la Muerte. Desde ese momento inició una senda nueva que le llevaría a investigar formas de utilizar sus poderes de manera honorable, dejando de lado los métodos despiadados de los Caballeros de la Espada de Ébano o de otras escuelas de nigromancia más tradicionales. Se está concentrando en el poder rúnico, en la canalización de energía y en su habilidad marcial. Le angustiaba hacer mal uso del poder que sabía tenía sobre los muertos. Fue cuando como médium le mostré formas de comunicarse con los espíritus y fantasmas de manera natural. Si a la necromancia, o necroscopia, le quitas la capa de superstición siniestra que la envuelve, te queda el arte de hablar con los muertos.
- ¿Hablar con los muertos?
- Sí, es la base de la necromancia, muchos nigromantes oscuros la desprecian, prefieren robar el conocimiento o esclavizar espíritus como una forma rápida de acceder al poder. Sin embargo, la necromancia tal y como la enfoca Gaheris requiere mucho tiempo, paciencia y estudio. Tiene por delante una ardua tarea, pero le conozco y no es de los que desfallezcan.
- ¿Tú no compartes esa senda?
- Gaheris radicaliza su postura hacia un modelo de virtud acorde con sus recuerdos y formación como paladín. El infierno sufrido bajo el yugo del Exánime no hizo sino reforzarle en sus convicciones. Es un alma demasiado buena. Yo no soy como él, me gusta salvaguardar el equilibrio natural, pero hace más de cinco siglos que estudio el Arte con curiosidad científica. No lo veo ni bueno ni malo, es una rama más de estudio arcano.
- Estoy tratando de encontrar algo amenazador o desestabilizador en tu planteamiento, pero no lo veo.
Ella sonríe.
- Es tan solo una corriente de opinión, Gaheris comenzó a hablar de ella en público y recibió muchas críticas y ataques por atreverse a pensar diferente. Cuando insistió en seguir adelante con su teoría algunos vieron arrogancia en su actitud por no ceder a sus imposiciones y no se lo perdonaron.
- Os habéis ganado muchos enemigos, Crowen.
- Si tengo que renunciar a lo que soy y a mi forma de pensar para “encajar” en el mundo de otros, no me compensa. Yo no obligo ni impongo mi pensamiento a nadie, tan solo lo comparto.
- ¿Si tantos problemas te trae pensar en voz alta, por qué no guardas silencio?
- Los idealistas nos entusiasmamos con facilidad y tendemos a debatir apasionadamente. Al fin y al cabo cuanto más contrastada es una idea más evoluciona. Si no lo hiciéramos imagino que nos acusarían de oscurantismo, si lo hacemos nos acusan de querer imponer el pensamiento único, como si un simple individuo fuera capaz de algo semejante. Los que suelen defender ese prejuicio dan por supuesto que la gente no sabe pensar por sí misma, craso error.
- Si esos comentarios llegan a los oídos equivocados puedes tener problemas, querida niña.
La elfa ríe mientras camina unos pasos en derredor.
- ¿Y qué pueden hacerme? ¿Poner precio a mi cabeza? ¿Limitar mi libertad decidiendo por mí los lugares a los que puedo o no entrar? ¿Difamarme en base a rumores sin pruebas? ¿Insultarme desde el anonimato? ¿Acosarme, vilipendiarme o agredirme?
¿Tratar de hacerme daño a través de aquellos a los que quiero?
Todo eso lo intentan una y otra vez. Sus acciones y palabras los definen, no necesito hacerlo yo.
- ¿Cómo es posible que no parezcas alterada, Crowen?
- No soy de piedra. No soy inmune. Puedo sufrir por ver a mis amigos atacados injustamente, lamentar que no haya cabida en este mundo para todas las ideas, para todas las visiones, pero no por ello voy a agachar la cabeza y echarme a llorar en un rincón. Supongo que es lo que esperan, pero me subestiman. A mí, a todos.
Nuestra mayor ventaja en todo esto es que tenemos la conciencia tranquila, nuestra armadura es la verdad. No estamos exentos de errores y tropiezos, pero eso solo nos recuerda que somos humanos, nos empuja a aprender y mejorar. Yo he aprendido a tolerar, a respetar incluso a mi adversario o a mi enemigo.
- Has hablado duramente de ellos.
- Cierto. Es mi punto de vista, ya que me has preguntado he sido lo más sincera posible, como puedes comprobar no he incurrido en ataques personales, o descalificaciones o burlas mordaces hacia su lenguaje o carácter, no soy quién para emitir juicios sobre personas que apenas conozco, solo puedo valorar la situación objetivamente con los datos que ellos mismos me han dado.
- ¿No sería mejor que renunciaras a tu personalidad e ideas, que aceptaras la visión de los otros, que humillaras la testa y te avinieras a sus normas? Cualquier cosa que digas será diseccionada, cualquier broma, malinterpretada, la defensa de tus ideas tomada como un acto supino de arrogancia, la defensa de tus amigos como sumisión incondicional o soborno.
- Sería imperdonable que me traicionara así. Tan solo puedo mirarles de frente, respetar sus leyes e imposiciones en su territorio, esgrimir la verdad como única arma, quieran o no aceptarla. Si quieren prohibirnos pisar la zona que les pertenece, o que podamos hablar o relacionarnos en su coto, ellos mismos, el mundo es muy grande.
- ¿Crees que hay algo mas a parte de lo que me has comentado?
- Supongo. Escucho rumores sobre ciertas acusaciones, algunos insinúan que hemos imitado ideas o actitudes o algo así. Aunque cuando lleváramos mucho tiempo ya trabajando con ellas, antes siquiera de saber que otros iban a salir con propuestas semejantes, pero solo se escuchan a sí mismos. Creo que como no saben qué decir del contenido atacan la forma del mensaje tratando de deslegitimarlo. Eso ha sido lo último creo, aunque me da que es ya el último estertor de quien se queda sin argumentos.
- No me ha quedado muy claro.
- Es lo malo del asunto, que hay mucho ruido de huesos y poca chicha.
Crowen sonríe con ironía.
- Veo que no pierdes el humor.
- Si no pierdes la perspectiva sobre la realidad de este juego de opiniones, no pierdes el humor. ¿Tú no encuentras gracioso en cierta manera todo este embrollo?
- Mi querida Crowen, llevo cien años muerto, los fantasmas carecemos de sentido del humor.
- Shhh… – dice ella cruzando su índice sobre los labios – …no lo digas muy alto. Te dirán que no puedes existir.
- Si no fuera por médiums como tú, haría tiempo que mi mente se habría desintegrado en la nada, me mantienes cuerdo, coherente.
- ¿No deseas ya descansar?
- Dejé tanto por hacer, tanto por imaginar… me gusta observar a mis nietos crecer, viajar a lugares que nunca pude visitar en vida, ser testigo de acontecimientos históricos, velar por mi legado, la muerte ha sido para mí una transición a un nuevo estado de conciencia. Sigo imaginando, pensando, filosofando. Soy un espíritu pacífico y errante, y disfruto de mi condición.
- Quizá algún día me una a ti en esa existencia libre de ataduras.
- ¿Lo deseas?
- Aún no. Pero no me importaría.
- Entonces te esperaré.
La elfa asiente, pensativa, toma asiento en un banco cercano y alza su mirada hacia un cielo glacial y cuajado de estrellas. El resto de la velada transcurre en muda contemplación acompañada por el recuerdo de un viejo amigo y el eco de su presencia.
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