Mis chicos y World of Warcraft

Como madre, siempre me ha preocupado lo qué mis dos hijos adolescentes estén haciendo online. Vi que el último juego en el que se habían interesado era World of Warcraft, y me llamó mucho la atención; primero por sus bellas imágenes y la creatividad de los escenarios y personajes, pero también por la gran interacción que observé en el juego.

Al principio compartían el mismo jugador y una copia del juego. Hacía turnos y se ayudaban mutuamente en el juego. Compartían los objetos, se ayudaban en la creación de grupos, y se daban consejos. ¡Era genial ver como trabajaban juntos! Finalmente, vimos la necesidad de comprar no sólo otra copia del juego, sino también un nuevo PC para el más joven de mis hijos (estos fueron sus regalos en las últimas navidades), para que pudieran jugar juntos y al mismo tiempo. Además de aprender a cooperar entre ellos, el juego ha sido también una experiencia educativa. Mi hijo mayor está aprendiendo francés, y en ocasiones juega en hermandades francesas y habla en este idioma con sus amigos. De esta forma, mis dos hijos han ganado gran conocimiento sobre las culturas de diferentes zonas de los Estados Unidos, y de otros países del mundo, a los que han conocido al unirse a las diferentes hermandades. También les ha ayudado a habilidades de cooperación social y de interacción… ¡y sin tener que salir de casa! Además, les ha ayudado a adquirir habilidades orientadas a la toma de decisiones y a la consecución de objetivos, puesto que se esfuerzan en completar las misiones para mejorar su nivel. También han aprendido como administrar el dinero, mientras ahorraban dinero para adquirir las diferentes bestias de monta del juego. Mi hijo mayor tiene problemas de ansiedad, y el juego es una magnífica “medicina” para él.

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