Abrazo de oso
-Me encantaría transformarme en un oso –dijo mi suegra, estudiando la pantalla de creación de personajes.
-¿Y a quién no? -dije.
Toda la familia se había propuesto que se enganchar a un juego y estuviera entretenida durante las Navidades. Hasta ese momento había jugado sólo a juego en los que el objetivo era unir bolas del mismo color para que explotaran y así conseguir puntos. Esto no estaba nada mal, pero creíamos que necesitaba algo más de emoción en su vida.
Tras elegir cuidadosamente las características de su elfo de la noche, observó con curiosidad la pantalla de carga, disfrutó del vídeo de introducción, y se enfrentó a la única parte del juego que siempre le daba problemas.
-Tienes que hablar con el tipo que tiene el signo de exclamación sobre su cabeza –le indiqué.
-¿Dónde? –preguntó, moviendo el ratón sobre la alfombrilla. Su elfo de la noche se puso en pié y salto impacientemente.
-Por ahí –le dije, haciendo un complicado gesto que, pensándolo ahora, no debió ayudar demasiado.
Diligentemente, presionó la tecla de la flecha y la barra de espacio, haciendo que su druida hiciera un salto mortal hacia un arbusto. Me di cuenta de que mientras yo había aprendido a usar el teclado casi al mismo tiempo que aprendía a caminar, para ella era la primera vez que utilizaba un juego en el que debía utilizar ratón y teclado. Pillé algo de beber y la acompañé a lo largo de su primera misión: matar diez sables de la noche sarnosos. Tras probar su devastadora magia druídica con unas mortalmente sorprendidas ardillas, ya estaba preparada para empezar.
No quiero presumir demasiado por ella, pero ese día nació una leyenda. Luchando contra los controles, rebotó contra los troncos de tres árboles, destrozando todo a lo que apuntaba con su bastón. Volvió para entregar su misión; doblaron los tambores, sonaron las trompetas, y una luz dorada floreció a su alrededor. Ya era nivel 2.
Le deseé buena suerte y volví al trabajo, prometiéndole que volvería de vez en cuando para ver qué tal le iba y si necesitaba ayuda.
La siguiente vez que le vi, su druida de nivel 5 corría hacia un pueblo de furiosos fúrbolg, queriendo darle un abrazo porque... parecían osos. La cosa no terminó nada bien. Tras esto, entré en el juego, y la encontré en Darnassus, ya con nivel 8, saltando en una fuente.
Al llegar a nivel 10, ella y mi esposa lo celebraron organizando un baile para personajes en forma de oso. Aún tengo la captura de pantalla: siete osos bailando juntos, destrozando el lugar… Al llegar al nivel 15, tenía un personaje alternativo. Podría haber subido de nivel más rápido, pero había perdido mucho tiempo ayudando a otros jugadores de nivel inferior a que completaran sus primeras misiones.
Ella nos dice que la razón por la que World of Warcraft le gusta tanto es porque la vida no te da recompensas cuando debe. Al conducir al trabajo a las cinco de la mañana, nadie le ofrece un arma encantada al aparcar su coche en su plaza de aparcamiento. Cuando ayuda a diez personas al teléfono, no aparecen diez monedas de oro sobre sus rodillas. Sin embargo, cuando entra en el juego, se enfrenta a desafíos, los con conquista, y logra su recompensa.
Ahora tiene personajes de un nivel más alto que los míos, mejor equipo y mucho más dinero obtenido a través de la casa de subastas, y la diplomacia de no restregármelo en la cara. No estoy del todo seguro de poder vencerle en un duelo.
Recuerda esto: muchos tipos diferentes de personas juegan a World of Warcraft. La próxima vez que un druida elfo de la noche te salve de una manada de raptores, puede quesea ella. Si desafías a un druida elfo oscuro a un duelo, y ella deja de pescar plácidamente durante un momento para destruirte... puede que sea ella también
Si te envía un /abrazo justo después, entonces puedes estar seguro de que es ella.